La Resurrección de Don Ramiro

Adéntrate en un mundo de misterio y humor con "La Resurrección de Don Ramiro". Esta es la puerta de entrada a una experiencia literaria única, pensada para aquellos que aprecian la buena literatura y buscan algo más que una simple historia. Prepárate para un viaje donde la imaginación es la única brújula.

SINOPSIS

Obra que describe la lucha a muerte entre un padre, don Ramiro, y su descendencia por la mayor fortuna de Compostela.

Don Ramiro está convencido de que ninguno de sus hijos y nietos merecen su fortuna; éstos, en cambio, no quieren ni pueden perder la cuenta corriente que les alimenta todos sus caprichos. Don Ramiro muere y entonces los hijos descubren con indignación que su padre ha nombrado único heredero al Arzobispado de Compostela.

La novela comienza tres días más tarde, cuando don Ramiro resucita (catalepsia, dicen) y es encontrado por dos viejas beatas a la salida de misa en la Plaza de Cervantes. Los análisis confirman la identidad de don Ramiro, pero un policía, el inspector Romero, sospecha que se trata de una treta de la descendencia para recuperar la herencia paterna por lo que decide investigar el suceso. Los hijos, viendo la oportunidad de recobrar su herencia, toman posesión del caserón familiar de la Algalia de Abajo y acechan a su padre para que otorgue un nuevo testamento.

La guerra de la familia más opulenta de Compostela revuelve la ciudad haciendo partícipe de la lucha a todos sus habitantes. Los clientes de la cafetería Cafeses,sl; el paria Miguelín, cuyo verdadero origen solo conoce don Ramiro; Remedios, la vieja y fiel criada de la familia; Mercedes, la mercera de la Algalia, cuya lengua reproduce una y otra vez, fielmente o no, los sucesos de la ciudad; los ancestros don Roberto Bracamonte y don José María Pérez Rodríguez o Pérez y Rodríguez, según acostumbra a hacer imprimir en sus tarjetas de visita, cuya muerte no será la que habían imaginado; el camarero del Derby; el quiosquero del Toral y toda la pléyade de taberneros, tasqueros, vinateros así como la caterva de peregrinos que con su ir y venir convierten la ciudad del muerto en la Gomorra sobre la que Yahvé hizo llover azufre y fuego.

La lucha de los pudientes hará nacer la crueldad más oscura hasta que don Ramiro retorne a morir y sea enterrado un 25 de julio entre el jolgorio de las fiestas en honor al santo y las reivindicaciones políticas.

El final de la guerra será tan desalmado como su principio.

 

Un Toque de Misterio

Sumérgete en una trama intrigante donde los enigmas se entrelazan con situaciones inesperadas. "La Resurrección de Don Ramiro" te invita a desentrañar secretos ocultos entre sus páginas.

Humor con Ingenio

Pero no todo es oscuridad. El humor inteligente te acompañará a lo largo de la lectura, aliviando la tensión y añadiendo una chispa de diversión a cada capítulo. Prepárate para reír mientras resuelves el misterio.

Donde la Imaginación no Tiene Límites

"La Resurrección de Don Ramiro" destaca por su originalidad y la capacidad de transportarte a lugares que solo existen en la imaginación. Es una obra que desafía las convenciones y te invita a pensar de manera diferente. ¿Estás listo para abrir sus páginas y dejarte llevar?

EMPIEZA A LEER

1

5 de diciembre del 2004. Domingo.

 

Doña María Luisa Saavedra y doña Isabel del Castillo salen de la iglesia de San Benito del Campo después de oír misa de seis. Las dos mujeres, nacidas en los convulsos años treinta del siglo pasado, arrastran sus pasos por la plaza de Cervantes mientras el granito viejo se deja anochecer, un día más, con no poca melancolía. El frío encorva sus cuerpos y los de quienes abandonan la iglesia con la esperanza de llegar cuanto antes a la calentura de sus casas.

-Denme algo, señoras, que no he comido en todo el día.

Un yonqui esclavizado por la abstinencia las aborda con alevosía y, esgrimiendo el cañón de su voz carrasposa, les exige el diezmo alucinógeno. En su rostro lleva impreso el requiescat in pace.

-Por dios, cuándo echarán de aquí a estos maleantes.

-Es una vergüenza, una vergüenza, Luisita.

-Vamos, señoras, suelten la guita de una vez.

-¡A que te doy una bofetada!

Y el falopero se retira con lo puesto dolorido de cuerpo y alma. Pronto se lo llevará la muerte donde no cause molestia.

-Por las calles hay más vicio que en Sodoma y Gomorra juntas y la Iglesia anda enredada en politiqueos en vez de poner orden en este infierno. No sé adónde vamos a ir a parar.

-No le eches la culpa a la Iglesia, Luisita, hacen lo que pueden, lo que pasa es que…

-Lo que pasa es que los curas están todos chochos, el padre Raimundo casi se duerme en la homilía y a punto estuvo de caérsele el moco en la sangre de Cristo -doña María Luisa es toda ella verbo enérgico, militar, por capricho hereditario. Su padre fue un cabo chusquero, poca cosa, malasangre, al que le gustaba pasear su bigotillo de Charlot y su vozarrón de barítono entre las filas de la soldadesca.

-Si hubiese vocaciones, como antes, ya estaría jubilado -doña Isabel no habla, declama con relamida entonación trágica, como le enseñaron las benedictinas de San Payo.

-Mira, Luisita, allí hay otro desgraciado.

-¿A quién te refieres?

-Al desaliñado que está al lado de la fuente, debajo de aquella luminaria.

-¡Cómo se parece al difunto de don Ramiro!

-Qué vista tienes, Luisita, yo desde aquí soy incapaz de distinguirle el rostro. De todas formas, don Ramiro está muerto... ¿no?

-Vete tú a saber, en estos tiempos...

-Ay, Luisita, no me asustes, ya sabes que estas cosas me dan repelús. ¿Estás segura de lo que dices? Ya siento la llegada del soponcio.

Se acercan al adán que parece don Ramiro. Le interrogan sobre su identidad, su filiación, si se encuentra bien o precisa socorro, pero les responde el silencio en cerrazón. Y doña María Luisa comenta que lleva puesto el mismo terno que el mentado, idéntica corbata, iguales zapatos, incluso reconoce, sin lugar a dudas, el arabesco del pañuelo blanco cuya esquina asoma por el bolsillo superior de la americana. Y doña Isabel se asusta y grita, histérica. Y doña María Luisa telefonea a la autoridad, que para eso le regalaron sus nietas el teléfono móvil de antepenúltima generación (el presupuesto no daba para más) que le fue entregado con seis euros de saldo, cortesía de la compañía telefónica. Y le contestan que quién es ella, que cuál es su deneí, su dirección, su número de teléfono. Y ella responde que no lo sabe porque a su edad es un infierno aprenderse tanto número, pero sus datos son imprescindibles para comprobar que no les está tomando el pelo.

-¿Yo? ¿Tomarle yo el pelo a la policía? Por quién me toma, muerto de hambre, tomarle yo el pelo a la autoridad, quién se ha creído que soy ¿una pilingui? Así va el país.

Al cabo de algo más de una espera, se presentan dos policías en pareja. Las viejas les dan cuenta de sus sospechas.

-¿Dicen ustedes que se parece a un muerto?

-Como dos gotas de agua.

Lo miran, lo remiran; le preguntan, le repreguntan. La autoridad cuchichea, debate consigo misma y decide llevar al viejo a comisaría.

Sobre la plaza que lleva el nombre de Cervantes se acuesta inquieta la Noche.

 

 

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